Un día vino una señora muy rara con el pelo claro y con la piel muy blanca. Cuando me cogía en brazos veía sus ojos llenos de tristeza.

Ariel - Marzo 2007

Hola me llamo Ariel y tengo 1 año y 3 meses. Sí, soy pequeño pero ya puedo decir que he tenido una vida muy dura.Yo no entiendo bien lo que pasa en mi casa ni con mi familia. Sólo sé que nadie me quiere.

Durante el principio de mi vida, yo tenía hambre y sed. Lloraba, lloraba y lloraba y nadie me daba comida. No podía dormir por las noches de tanta hambre y mi mamá se enfadaba conmigo. Yo no sé por qué, porque creo que son las mamás las que tienen que dar comida a los bebés.

Ariel - Agosto 2007

Empecé a sentirme muy mal. Tenía siempre diarrea y adelgacé mucho. Mi piel se quedó seca, y mi boca también. Ya ni llorar podía porque no me salían lágrimas. Mi mamá, si alguna vez tenía dinero me llevaba al médico, pero la cosa no mejoraba.

Un día vino una señora muy rara con el pelo claro y con la piel muy blanca. Cuando me cogía en brazos veía sus ojos llenos de tristeza. Pero sentí que era mi única esperanza, porque sentí que a ella le importaba lo que pasaba conmigo. Así que cada vez que me tenía en sus brazos, yo la miraba fijamente con mis ojos saltones y le daba golpes en el pecho con todas mis fuerzas. ¡Era agotador! Porque yo no tenía muchas fuerzas.

Pero funcionó. Me llevaron varias veces al médico. Incluso venían doctores a mi casa, también blancos y con pelos claros. Mi mamá empezó a darme leche, compotas y un líquido horrible que se llama suero. La señora de piel blanca se enfadaba con mi mamá porque decía que todos los médicos decían que yo iba a morir y quería que mi mamá me cuidara más. Yo quería vivir y ella lo sabía porque yo le daba golpes en el pecho con todas mis fuerzas para decírselo. Ariel 8 meses - Cristofer 5 meses

Empecé a sentirme mejor. Poco a poco deje de tener diarrea. Mis costillas dejaron de verse a simple vista porque empecé a engordar. Me creció un poco más de pelo en la cabeza y mis mejillas cogieron forma de pelotas de tenis.
Ariel - Octubre 2007
Ahora soy un mofletudo. Me siento sólo, y si me agarras bien puedo incluso dar algún paso porque mis piernas están cogiendo fuerza. Ahora como de todo, leche, compotas, arroz, el plato del vecino, cualquier cosa que parezca comida y que cuelgue de la mano de alguien.

Tengo mucha hambre y ahora siempre hay comida. Además ahora sé pedirla. Alargo la mano y digo “ah!” y me la dan. Y si no me oyen digo “AH!” y me la dan. Y si no me la dan, grito tan fuerte que los dejo sordos y terminan dándomela. Porque ahora tengo fuerzas para gritar y ¡que se me oiga hasta en la Romana!

La blanca sigue viniendo. Cuando viene trae leche y pañales para mí. Me coge en sus brazos pero ya no le doy golpes en el pecho, porque ahora estoy bien, ahora estoy vivo.

Ariel - Enero 2008