Clemencia

El día 11 de enero de 2008, 7 días después, recibía la llamada de Sor Elena, a la que no le hizo falta ni explicarme. En cuanto vi su número en la pantalla de mi móvil, entendí que ya había ocurrido.

Clemencia es una anciana encantadora que bailando bachata puede cansar incluso al campeón mundial de la bachata.

Cuando la conocí, vivía en el batey, sola, en una habitación de apenas 3m2, con una cama roída por las ratas, las paredes ennegrecidas por el humo de carbón, y sin ingresos.
Clemencia
Su estado de salud era débil debido a la anemia y a la desnutrición.

No tiene familia.

En la Romana hay un asilo de ancianos, gestionado por unas simpáticas monjas. Decidí ir a visitarlas.

Debido a que el asilo vive de las donaciones de la gente y a que en ese momento, todas las camas estaban ocupadas, la primera respuesta que recibí fue una negativa. Sor Elena me despidió diciéndome que dejáramos todo en manos de Diós y que rellenara una solicitud de ingreso.
Visita Cuya - Clemencia - 01-08-2007

Me fui dejándole caer que era Dios el que me había llevado hasta ellas. Al día siguiente recibí una llamada suya, diciéndome que quería conocer las condiciones en las que vivía Clemencia. Ese mismo día las acompañé al batey.

Y esa misma tarde, Clemencia recogía sus cosas y se despedía de sus vecinos, para partir hacia su nuevo hogar. Ahora Clemencia come cada día, recibe la atención médica que necesita, de vez en cuando me recrimina por no ir más a menudo a visitarla y se lamenta de no comer carne con más frecuencia.

Clemencia Cuando puedo le llevo carne de res o pollo y se pone muy contenta. A veces volvemos a su residencia en el batey para que pueda ver a sus antiguos vecinos. Cuando le preguntamos si quiere quedarse, siempre dice que no… sólo de visita!

El pasado día 5 de enero Clemencia visito el batey por última vez. Llevaba varios días sin apetito y sin querer levantarse. Ya casi no hablaba. Le pregunté si quería ir al batey, sólo por ver si reaccionaba y efectivamente, así fue. Se rió y dijo: Oui, oui (sí, sí en Creol, su idioma natal que es muy parecido al Francés).

Así que, como pudimos, la cargamos en el coche y nos fuimos hacia el batey. Ese día comió y se rió. Los niños la despidieron con un ruidoso grito de adiós y cuando nos íbamos, incluso estallaron algunos aplausos.

Clemencia

En el camino de vuelta, tuve miedo. Pensé que quizás ya había llegado su hora y que después de esa alegría, podía ser que se muriera… no fue así, entonces.

El día 11 de enero de 2008, 7 días después, recibía la llamada de Sor Elena, a la que no le hizo falta ni explicarme. En cuanto vi su número en la pantalla de mi móvil, entendí que ya había ocurrido.

Clemencia se había ido.