01 de Febrero de 2010

No soy médico, ni enfermera, ni rescatista,… sólo soy María José (María para los amigos), y como tal he aquí mi relato sobre Haití…

Martes 12

Terremoto en Haiti, 7.3 en la escala Richter.

Miércoles 13

Haiti

Sumido en la cotidianidad de la propia vida, uno no se da cuenta de la magnitud de lo que ocurre a su alrededor hasta que las cosas se ponen bien feas. De repente todo el mundo habla de este terremoto, hay una creciente agitación entre la población haitiana de Bayahibe.

Nadie puede calcular la gravedad del asunto porque se ha perdido la comunicación. Todo queda sumido bajo una inquietante incertidumbre. 24 horas después del suceso, despierto por fin del letargo… ha ocurrido una catástrofe.


Jueves 14

Haiti

Plan de emergencia, ¿Qué se hace en estos casos? Leyendo en Internet veo que necesitan agua potable, alimentos, lonas y medicamentos. Alguien se ha ofrecido a pagar el transporte hasta Haití con un camión cargado. Bien! Organizo junto con otros miembros de la Fundación una recolecta de urgencia para una primera expedición que partirá el sábado siguiente.

Las personas nunca dejan de sorprenderme:

- ¿Qué puedo hacer yo?, el presidente de mi país ya mandó dos aviones llenos de cosas. Dice una señora que está de vacaciones en el caribe…
- ¡No te dejaran pasar, han cerrado las fronteras!
- ¡Ten cuidado con las epidemias!
- ¡Desde la frontera se siente el hedor a muerto!

La suerte es que para equilibrar siempre hay gente que te anima.

A medida que va pasando la tarde más y más gente se acerca a nosotros con sus aportaciones. Todos están pendientes de las noticias. La persona que iba a pagar el transporte se ha retractado porque ha oído en alguna parte que las fronteras están cerradas. Yo voy. He dicho a todos que voy, y voy. Si me he ganado la confianza de la gente en estos 3 años es porque cuando digo hago, hago y cuando digo voy, voy. Hemos recogido muchísimas cosas, ya es tarde. Seguiremos mañana.

Cuando llego a casa me asaltan las dudas. ¿No estaré siendo demasiado testaruda? ¿Y si los demás tienen razón y me quedo bloqueada en la frontera?
Miro al cielo y, como ya he hecho otras veces, formulo mi pregunta: ¿Qué hago? ¿Me quedo y ayudo desde aquí? o ¿Voy y me arriesgo a todo?
Esa misma noche me soñé en Haití, con una niña en brazos de unos diez u once años. Le besaba la frente…


Viernes 15

Haiti

Segundo día de recolecta. Hoy ya se donde voy, estoy decidida.

Está llegando mucha gente a la que ayer se le informó. Traen todo tipo de donaciones. He conseguido una furgoneta de alquiler y me acompañaran Leonardo, un conductor dominicano y Pierre, un guía Haitiano. Todo el mundo tiene algo que decir.

Yo no escucho más que lo que quiero oír, los ánimos. En cuanto veo que alguien va a decir algo negativo, desaparezco y se lo dejo a mis compañeros. Miedos, ya tengo los míos propios…


Sábado 16

Haiti

Son las 3H de la madrugada. Estoy imprimiendo las listas que van pegadas a las cajas con sus contenidos. ¡Qué sueño tengo! En dos horas llegará Leonardo, el chofer, con el coche que he alquilado con el dinero recaudado. No se si cabrá todo.

7H30 de la mañana – Después de algunos problemas técnicos a la hora de encajar todo el género en la gua gua, arrancamos. Vamos a pasar por La Romana a buscar a Pierre de la Fundación AJEDH. El conoce perfectamente todos los rincones de Haití.

Ya estamos embarcados en nuestra aventura hacia lo desconocido. Durante el viaje apenas hablamos. Ninguno de nosotros sabe bien con lo que se va a encontrar.
Llegamos a la frontera a primera hora de la tarde. No hiede a nada.

Hemos visto varios camiones llenos que se dirigían hacia la catástrofe. Que bonito es saberse acompañado en la lucha por un mundo mejor. En la frontera no hay ninguna barrera. Hay mucha gente, eso si, pero todo parece tranquilo. Bordeamos el lago Enriquillo para entrar en Haití. Dondequiera que miramos a lo largo del camino, se ven algunas casas derrumbadas. Pierre nos lleva a casa de algunos de sus familiares en una zona donde también ha llegado el terremoto pero donde no parece haber heridos graves. Aun y así la gente está asustada. Vamos a visitar las zonas de los alrededores. Como se trata de una zona a las afueras de la ciudad, las casas no son muy numerosas y los asentamientos acogen a pocas personas.

Todos tienen hambre y sed. Y todos duermen a ¨la Belle étoile¨ (al aire libre). Por el camino, encontramos una pequeña clínica donde trabaja una enfermera americana que habla muy bien creol. Le decimos que llevamos medicamentos y que puede coger lo que necesite a lo que ella parece alegrarse mucho. En estos días le está llegando muchísima gente herida. A la mayoría después de hacerle los primeros auxilios tiene que derivarla a los hospitales más cercanos.

Volvemos al campamento donde vive la cuñada de Pierre. Ya es de noche. Cenamos junto a los vecinos de la zona. Algunas latas y un poco de arroz de las donaciones porque nadie ahí tiene ni alimentos ni agua. Al parecer, son pocos los que han comido ese día. Ahí, por primera vez, descubro en la gente esa mirada que tienen los ancianos cuado piensan en lo que fueron y que ya no se pueden valer por si mismos. Una mezcla de orgullo y resignación que cada vez que la he visto me ha abierto una brecha en el corazón. Leonardo y yo dormimos en la gua gua. Pierre duerme en casa de su cuñada. Estamos todos cansados, mañana será otro día… tiembla la tierra…

Domingo 17

Haiti

Nos dirigimos hacia Puerto Príncipe. Barrio Simon 1. La cantidad de casas derrumbadas es incontable. Hay muchísima gente en la calle. La mayoría camina con grandes maletas en la cabeza, muchos no parecen tener un rumbo específico. Es tan solo una sensación, pero es tan intensa… De repente alguien saluda a Pierre. Cuando se acerca reconozco una cara familiar. - ¡¿Tupac?! - Tupac es un chico que trabajaba en un centro de buceo de Bayahibe.

¡Qué placer verle! Mientras habla con Pierre lo observo. Está mucho más delgado, casi desnutrido. Tiene la mirada tan triste que cuando fijo mis ojos en los suyos parte de esa tristeza se instaura en mi. Nos explica la situación que parece ser la misma para todos los habitantes de Haití. Nos muestra su monedero en el cual tiene el equivalente a 3000 pesos dominicanos lo cual no es poco, pero no puede comprar nada porque no hay nada que comprar. Por milésima vez en mi vida me doy cuenta de la inutilidad del dinero.

Vuelve a mi mente la imagen de un póster que vi hace años de un indio americano. La escrita decía algo así como: - Hombre blanco, cuando hayas talado todos los árboles, hayas matado el último ave, se hayan secado los ríos, ¿Qué harás? ¿Comerás dinero?… –

Tupac nos habla de un campamento a unas cuantas calles de donde nos encontramos. Parece ser que hay unas 300 personas entre las cuales muchas heridas de gravedad. Le seguimos. Llegamos a una calle llamada Cité Militaire. No parece haber mucho movimiento. Nos paramos delante de una puerta corrediza de color verde. La escrita dice: École Mont Carmel. Es una escuela. Se abre la puerta. Atravesamos un camino del que se va levantando gente y apartando sábanas y mantas del suelo para abrirnos paso.

A ambos lados se ven familias refugiadas bajo casas de emergencia hechas con palos, sábanas y algunas incluso con lonas. Al fondo se ven las clases vacías de la escuela que parece haber resistido bastante bien al seísmo. Todos se reúnen a nuestro alrededor curiosos y esperanzados.

Se nos presentan los que parecen los líderes del campamento para exponernos su situación. Hay muchísimos niños. Todos tienen hambre, niños y grandes. Echo una mirada rápida, normalmente me basta poco para entender lo que sucede a mi alrededor y soy de decisiones rápidas. Pocos minutos más tarde, junto a los más jóvenes y fuertes de la comunidad hemos sacado todos los pupitres de las clases para colocarlos a modo de cantina, pedido a las mujeres que saquen sus calderos y una cocina, mandado a comprar 10 dólares de carbón y se están preparando dos enormes ollas de leche con avena y galletas para todos. Todos están entusiasmados.

Ahora podemos empezar a hablar. Fan Fan es el líder de este campamento. Es un ingeniero mecánico que por ahora ha podido conservar su trabajo. Nos explica que han organizado un comité de seguridad, es decir, un grupo de jóvenes armados con palos que velan por la seguridad de los habitantes del campamento. Pero por lo demás andan todos un poco perdidos. No saben por donde empezar y tienen miedo.
Siempre he pensado que el mejor modo para empezar a ayudar es trabajando.

A medida que uno hace y ve, consigue entender mejor la problemática ya que trabajando la cercanía con las personas afectadas es mayor. ¿Qué puedo hacer con lo que sé y lo que tengo? Limpiar heridas. Eso se me da bien. En el pasado he curado muchas personas así. Lo sé, no soy enfermera, pero de pequeña me he caído tantas veces que viendo como me curaban algo he debido aprender ¿no? Preparamos dos mesas para colocar los medicamentos, varios banquillos a la sombra para que los heridos puedan sentarse.

Y ¡voilá! ¡Ahora si que se ve la magnitud del desastre! ¡Madre mía! ¡¿De donde salen tantos heridos?! ¡¡Y qué heridas tan feas!! Todas infectadas, llenas de pus… a sexto día del terremoto y muchas de estas personas no han visto aún un médico… Desinfecto, pomada, tapo y vendo, desinfecto, pomada, tapo y vendo. Leonardo y Pierre me secundan, aunque las más difíciles me las dejan a mí. No se terminan nunca. Es más, están llegando heridas que son demasiado graves para mis escasos conocimientos médicos.

Una niña con la cabeza abierta que por miedo dice que no le duele nada. La cabeza le está sangrando. Una chica con el empeine abierto, una mujer con los ojos en sangre, un golpe fuertísimo en la cabeza y la mirada al vacío, Dios mío, hay que hacer algo. Alguien nos ha dicho que en el campamento del aeropuerto están todas las grandes organizaciones y que allí podremos encontrar médicos. Hay que evacuar a esta mujer. Mientras grito a todos que hay que descargar la gua gua a toda velocidad llegan otras dos mujeres en estado aparentemente muy grave. Dos de ellas me preocupan más que nadie. Hay que irse… ¡Rápido he dicho! ¡Vámonos! Suerte que Leonardo necesita recorrer solo una vez un camino para recordarlo a la perfección para siempre. En menos de 15 minutos llegamos al susodicho aeropuerto. Nos refieren a un grupo de cirujanos colombianos que tienen un hospital a medio montar.

Son amabilísimos y nos atienden enseguida auque no han sido aún autorizados a operar en el campamento por miedo de la ONU a que se propague una epidemia. Efectivamente la mujer de los ojos rojos está muy grave. Ella, junto con otra, tiene que ser evacuada con carácter de urgencia al Hospital de La Paz. La tercera necesita solo una cura y un niño que nos habíamos llevado para aprovechar el viaje solo tiene que desinfectarse la herida de la cabeza. Los colombianos tendrán que desmontar el hospital e irse a otra zona de la ciudad. Hay que aprovechar mientras están aquí. Regresemos al campamento porque quedaron algunos heridos de gravedad por atender. Y cuando se vayan los cirujanos ya pensaremos en un plan B.

En nuestro segundo viaje al aeropuerto me doy cuenta de que este ritmo no va a poder aguantarse mucho tiempo por los siguientes motivos: en este primer viaje no hemos recolectado mucho dinero y no tenemos reserva de gasolina. Además para reponer hay que ir hasta la frontera que está a dos horas de aquí y hay rumores de que no dejan llenar depósitos por miedo al contrabando. Hay que pensar algo.
Pierre por su lado y yo por el mío, empezamos una intensa búsqueda de soluciones, encontrando así un enfermero mejicano, que nos habla de una organización francesa con médicos que quieren salir al campo pero no saben como y temen por su seguridad, y una cosa lleva a la otra y terminamos dirigiendo una comitiva compuesta por: 1 enfermero mejicano, 1 médico general y dos enfermeros de la Fundación francesa COSI y un camión enorme con rescatistas, cirujanos y enfermeros de QATAR AID.

Después de ver la situación en el campamento y comprobar que no era tan peligroso como se decía, decidieron brindarnos su ayuda. Todos regresaron al aeropuerto. Ese día nosotros dormimos en el campamento. Hasta bien entrada la noche se oyeron, provenientes de todos los campamentos vecinos y del que nombramos como Campamento 1, los cánticos a Dios. A pesar de que eso y el hambre me impedían dormir fue muy hermoso. Finalmente caí rendida orgullosa de nuestra primera pequeña victoria a una tragedia de dimensiones incalculables todavía…


Lunes 18

Haiti - Cura en la montaña

A las ocho de la mañana llegaron los dos equipos médicos con un arsenal de medicamentos y utensilios varios. Dispusimos todo para que pudieran trabajar lo más cómodamente posible y empezó así un día de trabajo intenso. Todos me preguntaban, me pedían cosas, atención, agua, comida…

Tuve que gritar mucho y tomar decisiones rápidas. A penas bebí y se me olvidó comer. De todos modos sabía que de regreso a casa iba a poder recuperarme. Nos llegaron heridos de todo tipo, bebés (que penita, tan chiquitines…), mujeres, niños, hombres. Hubo incluso un herido de bala.

¡La bala le había atravesado la pierna sin ni siquiera tocarle el hueso! El comité encargado de la cocina funcionó solo.

Cocinaron para todo el campamento dando preferencia a los niños. Llegaron líderes de otros campamentos solicitando ayuda. Así fue como conocimos los otros tres campamentos con los que más tarde íbamos a trabajar también. Todos en la misma calle.

Uno, el más pequeño, con unas 50 personas, no había recibido ningún tipo de ayuda, el segundo casi tan grande como el campamento 1 y el más grande de 5000 personas. Este último nos dejó asustados. ¿Cómo íbamos a poder ayudar a tanta gente siendo tan pequeña la fundación y habiendo ya vaciado todo el cargamento? Bueno, ya pensaría en algo, de momento había que conseguir que nos trajeran a todos sus heridos.

Y manos a la obra, así fue. Entre traslados, y organización y decisiones pasó el día. Ya por la tarde encontré un momento para jugar con los niños. Por primera vez desde nuestra llegada se oyeron risas en el campamento. Incluso algunos mayores se unieron a nosotros. Todos se reían sorprendidos de conservar aun la capacidad de divertirse. Creo que todos soltamos un poco de estrés ese día. Los equipos de COSI y QATAR se fueron antes de la puesta de sol. Rezos, frío, dolor de espalda y caí rendida de nuevo.


Martes 19

Haiti - Campamento

Por la mañana se repitió la escena del día anterior solo que todo mucho más organizado. Cuando todos estaban en sus puestos, miré a mi alrededor y me di cuenta de que yo ahí ya no era de gran utilidad. Decidí regresar a Bayahibe con la firme intención de volver cargada de víveres y de todo lo que ahora si sabía con certeza que era útil. Y así lo hice. Pierre y Leonardo estuvieron de acuerdo conmigo y así comenzamos nuestro viaje de regreso.

Nos llevamos con nosotros una herida que debía ser trasladada con urgencia al hospital de Jimaní. Una chica joven con el brazo amputado y una apertura en la cabeza, que hizo todo el viaje con una entereza digna de admiración. Cuando salíamos del campamento todos los niños me preguntaban si me iba: - Ou alé? Ou alé? – Mirándoles a los ojos les prometí que volvería y me saludaron más confiados. Emanuel, un miembro del comité de seguridad, un chico más alto que yo dos cabezas y de constitución fuerte me miró y me dijo: - ¿Te vas? ¿Qué vamos a hacer ahora sin ti? – En ese momento se me cayó el mundo al suelo. Aun no sé como logré contener las lágrimas.

Esa mirada de niño temeroso de que su madre le abandone, en un cuerpo de hombre hecho y derecho me clavó. En ese momento me dí cuenta, más que nunca, que no podía abandonar a esas personas porque abandonarlas a ellas sería abandonar mis principios, mis ideales, mi amor y a mi misma… Con un nudo en la garganta solo pude contestarle: - Volveré. –
Llegando a la frontera, esta vez por el lado opuesto, encontramos una hilera interminable de coches. Afortunadamente dejaba cabida a que un coche como el nuestro pasara por el lateral. Me bajé y emprendí una carrera desesperada precediendo la gua gua indicando a todos que llevamos un herido grave. Pasada la frontera encontramos varios chequeos de la milicia dominicana que se portó estupendamente ya que al ver la gravedad de la situación no nos hizo perder ni un instante.

Mientras llegábamos al hospital me di cuenta de que el marido de la herida tenía tan solo 12 dólares en su bolsillo además de una bolsa de papel con dos botellitas de agua, algo de ropa y poco más. Cuando le tendí algo más de 25 dólares, el agua que nos quedaba y algo de comida, miró hacia el cielo agradeciendo a Dios por la ayuda. El hospital de Jimaní estaba repleto de sanitarios españoles (protección Civil de Tarragona pude ver, entre otros), cubanos y colombianos que iban y venían entre los centenares de heridos tendidos en colchones, sábanas y las pocas camillas de las que disponían.

Los dejamos ahí con la esperanza de volver a verlos algún día en mejores circunstancias. El resto del camino transcurrió en silencio. Yo no podía pronunciar palabra porque un enorme nudo en la garganta me lo impedía y las lágrimas de dolor empezaron a rodar por mis mejillas por primera vez desde el inicio del viaje… Cuanto dolor, cuantas personas juntas sufriendo, todo esto por un desastre natural… ¿Qué será cuando una guerra? Esta, además, provocada por el hombre… ¿En qué mundo vivimos?…


Miércoles 20

Segundo terremoto. 6.2 en la escala Richter. Después de varios intentos conseguimos comunicarnos con Fan Fan.

Gracias a Dios no parece haber muchos heridos. Segunda recolecta. Gracias que miembros de la fundación y algunos voluntarios me ayudaron a hacerla. Yo me pasé casi todo el día reviviendo a través de imágenes todo lo acontecido y por ende llorando.


Jueves 21

Haiti - Campamento 5.000 personas

Volvemos a Haití. Me pregunto si seré capaz de desapegarme de ese país una vez llegado el momento. Tengo claro que daré un seguimiento durante el tiempo necesario pero también que no puedo dejar mi proyecto en República Dominicana ya que uno va ligado al otro y desde aquí puedo hacer mucho más por los dos lugares.

A partir de aquí pierdo un poco la noción del tiempo y la cronología de los hechos. Sé que después de 2 o 3 días se rompió el coche y Leonardo tuvo que volver a República Dominicana a arreglarlo, que Pierre volvió con él porque no podía dejar a sus hijos tantos días solos. Pero en resumidas cuentas (y digo resumidas porque es una frase hecha, ¡no porque vaya a resumir!), este es el trabajo que realicé en los 14 días que estuve allí:

- El primer paso era conseguir agua para los 4 campamentos. Hacía varios días que veía los coches de la Cruz Roja Haitiana yendo y viniendo tomando notas pero sin hacer nada. En uno de mis impulsos fui a preguntarles que estaban haciendo. Me dijeron que estaban comprobando cuales eran los campamentos que tenían agua y cuales no. Yo a mi vez les pregunté que como pretendían hacerlo si no bajaban del coche y ni siquiera entraban en los campamentos.

Me confesaron que tenían miedo. Les expliqué quien era y que lo que yo trataba de hacer era organizar los campamentos para que la ayuda les llegara más fácilmente y que ellos fueran más civilizados recibiéndola y les indiqué a quien debían dirigirse para aclarar la situación. Hablé también con miembros de la Cruz Roja Francesa y no se si unos u otros o ambos pero dos días después, tanto en el campamento 1 como en el de 5000 personas se instalaban depósitos de agua potable. Aprendí que en caso de catástrofes se le hecha 3 veces más de cloro al agua para evitar epidemias. Al principio nadie quería beberla, yo la probé para que todos vieran que era agua buena y pasé toda la tarde con la barriga pesada. Pero no morí.

- El segundo paso era conseguir comida. Eso iba a ser más complicado debido al gran número de solicitantes. Probé por la vía burocrática hablando con grandes organizaciones, rellenando solicitudes, yendo a reuniones. Por ahí no conseguí nada. Pasé días enteros persiguiendo camiones llenos de alimentos, metiéndome así en barrios donde había tiroteos, viendo cadáveres descompuestos y hediondos. Pero las cantidades que conseguía eran suficientes solo para aplacar la creciente desesperación.

Debo decir que el Ejército Venezolano estuvo repartiendo comida en grandes cantidades. En un momento dado me dí cuenta de que eso no iba a funcionar porque mi rol de mamá pato tenía sus días contados. En algún momento yo me iría y mis patitos quedarían desamparados. Decidí pues empezar a involucrar a los miembros de los comités que cada día estaban mejor organizados y de los que me gané el respeto a base de cumplir con mis promesas. Los reuní a todos. La primera barrera con la que me encontré fue obviamente la negatividad con la que uno ve las cosas cuando lleva varias noches durmiendo a la intemperie, comiendo poco o nada y bebiendo menos que más.

Esta primera barrera la franqueé dándoles la mejor medicina que se le puede dar a alguien en estas condiciones: esperanza. Ayudó mucho también mi creciente delgadez a pesar de la cual yo trabajaba de sol a sol por la causa, ya que entendieron que yo estaba en el mismo barco que ellos. La segunda barrera fue la insolidaridad. Esta costó un poco más de solucionar. Pero a base de reunirlos y explicarles que si se unían podían conseguir atraer más ayuda hacia la zona y captar más fácilmente la atención de las grandes organizaciones, esta se fue disipando poco a poco. Y así fue. Llegó la Cruz Roja Colombiana con un cargamento de alimentos para más de 5000 personas.

Los líderes de cada campamento, siguiendo las directrices que les proporcioné empezaron a moverse por los puntos donde durante mi búsqueda descubrí que se podían conseguir alimentos, sacaron con la ayuda de Gerardo Suchil, un topo mejicano (rescatista) censos de los habitantes de cada campamento, se presentaron ante varias organizaciones y consiguieron avances lo cual aumentó su fe en una mejora. Resumiendo, entre todos conseguimos que el problema de los alimentos fuera desapareciendo.

- El tercer paso era mantener en buen estado las heridas de los pacientes ya atendidos. Para ello, conseguimos que esporádicamente algunos médicos fueran acercándose al campamento 1 y le dieran seguimiento a los enfermos de los 4 asentamientos. Los últimos días, Médicos del Mundo hicieron su aparición en un operativo médico en el campamento grande.

- Sólo quedaba un punto por resolver. Las tiendas. Durante dos días amenazó con llover. Hubiera sido una segunda catástrofe si eso hubiese ocurrido. La mayor parte de la gente se protegía con sábanas y las epidemias habrían hecho estragos. Días antes decidí acampar en el aeropuerto. El motivo: era mucho más fácil acceder a las grandes organizaciones desde ahí. Y así fue. Conseguí varias tiendas, lonas y sacos de dormir que fui repartiendo como buenamente pude. Contacté con muchas personas que me ayudaron.

Los últimos días descubrí un enorme grupo de españoles que trabajaba ahí desde hacía varios días y estaba super bien organizado. Samur, Bomberos en Acción, Aecid, a quienes tengo mucho que agradecer ya que adoptaron a Hambrientos de Todo y me trataron con todo el cariño haciéndome sentir desde el primer día como parte del grupo.


Domingo 31

Haiti - Palacio Presidencial

El campamento pequeño había sido el más difícil. De todos, era el menos atendido, el que menos ayuda había recibido y el que más desanimado estaba. Después de que se les proporcionó comida, se les consiguió agua y una lona que cubría prácticamente todo el campamento, y recuperaron algo de fuerzas, su actitud cambió por completo.

En mi última visita al campamento 1, pasé por delante del campamento pequeño. Cuál fue mi sorpresa al ver que todos sus miembros varones que habitualmente se quedaban sentados bajo la sombra, se encontraban fuera recogiendo blocks, limpiando la acera y todos se voltearon a saludarme haciéndome notar orgullosos que estaban trabajando. Entonces se me saltaron las lágrimas.

Cuando llegué al campamento 1, conversando con Fan Fan, este me preguntó:

- Maria, desde que llegaste, este campamento ha cambiado muchísimo. Mira, está la gente más contenta. Dime ¿como lo haces?. Mientras todos se preocupan por enriquecerse económicamente tú haces esto por nosotros. ¿Cómo puede ser? Explícamelo. Quiero saber, quiero entender –

De repente se acercó una de las niñas del campamento, ni siquiera hablaba todavía. Tenía sus brazos tendidos hacia mí.

– Querido Fan Fan, he aquí la verdadera riqueza. Mírala tiene los brazos tendidos hacia mi.- Mientras cogía en brazos mi recompensa Fan Fan quedó pensativo.

– Pero Maria, ¿no tienes miedo del futuro? Y si no llega la ayuda que tiene que llegar?

Muchas veces tengo miedo pero no se lo digo a nadie, así que le contesté lo que trato de pensar cuando tengo miedo.

– Cree y atraerás, desea fuertemente y llegará.

En ese mismo momento se abrió la puerta del campamento y ocurrió el milagro. La Cruz Roja Suiza estaba buscando un campamento base que fuera seguro para poder, desde ahí, hacer la distribución a otros campamentos. Fan Fan y yo nos miramos incrédulos y le dije:

- He ahí tu respuesta – Y pensé he aquí mi confirmación.

Pocas horas más tarde, una vez llegada al campamento del aeropuerto, recibí una llamada que me anunciaba que Cruz Roja había proporcionado tiendas al campamento de 5000 personas…

En ese instante comprendí que había llegado el momento de mi partida.

NOTA: próximamente queremos volver con más ayuda. Han quedado barrios peligrosos y de muy difícil acceso para las grandes organizaciones y queremos ir a brindarles nuestra ayuda. Contamos con que sigáis colaborando. Todo esto no hubiera sido posible sin todos y cada uno de vosotros.

Gracias y siempre Gracias.

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